Mittwoch, 9. Juli 2014

Dear Sister ...mataría por ti

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Ich habe heute die Zusage erhalten, dass mein Roman Dear Sister - Ich würde sterben für dich auf spanisch übersetzt wird. Nachdem auch schon die komplette Radioactive-Reihe bereits für eine spanische Übersetzung in Arbeit ist, sollte ich vielleicht bald mal einen spanisch Kurs auf der Volkshochschule belegen :D

Für die von euch, die Spanisch beherrschen, hier ein kleiner Ausschnitt ;-)


En toda la escuela no se hablaba de otra cosa, solo del horripilante cadáver que se había encontrado por la mañana. El rumor se había extendido como un fuego devorador por los pasillos y las clases y había provocado las especulaciones más salvajes. Hasta entonces no se conocía, quién era la víctima y quién la persona desaparecida que había hecho la llamada. Todas las alumnas del St. Peters College que ese día habían faltado a clase sin justificación, podían ser la víctima. Teóricamente, también podía serlo mi hermana mayor Eliza. Sin embargo, hacía ya tanto tiempo que Eliza estaba desaparecida, que no me preocupe en absoluto de que pudiera ser ella. Por el contrario nuestros padres tenían miedo y suspiraron de alivio, cuando se descubrió que se trataba de la hija de otra pareja. Así pues, no debían perder la esperanza de que un día Eliza regresara. Sonaba horrible, pero yo lo veía todo de otra manera. Yo no quería que Eliza fuera la muerta, pero la certeza de que había sido ella, en mi opinión, era mejor que el estado de terror y esperanza permanente de mis padres. Incluso si esta significaba que la víctima era mi hermana.
Desde que Eliza desapareció, no solo mis padres, sino también Lucas, actuaban como si fuera una santa. Y era cualquier cosa menos santa o piadosa. En mi opinión era casi todo lo contrario y por eso estaba casi segura de que no corría peligro. Ella sabía cómo buscarse la vida y probablemente arrojó por la ventana y con las manos llenas, el dinero de otro en algún lugar del mundo, sin ni siquiera pensar por un momento en la familia que había dejado atrás en la dormida Wexford antes de desaparecer.
Lucas y yo bajamos juntos del autobús escolar en la parada de Slade Castle. Era la última antes de la última parada, Churchtown. Cada mañana recorríamos un trayecto de casi una hora, solo para ir al colegio. Había suplicado muchas veces a mis padres que se mudaran más cerca de la ciudad, pero se negaban firmemente. Siempre con la misma cantinela de que la ubicación junto al mar y la proximidad a los antiguos castillos en ruinas no se cambiaba por nada en el mundo. Les gustaba que, en los días de tormenta, las olas rompieran y pudiéramos verlas desde las ventanas de nuestra habitación y les encantaba el silbido del viento cuando pasaba por entre las ruinas del castillo. Aquí nadie se queja de nuestros diez gatos, que eran la única herencia de nuestra difunta abuela. Para mí, la única razón por la que valía la pena vivir en Slade Castle era Lucas. Mientras que nuestra familia vivía en una casa cuadrada directamente cerca del castillo, Lucas vivía con sus padres y con su hermano pequeño Toby en el amplio campo amarillo que estaba junto al castillo. Éramos los únicos niños de Slade Castle y lo conocía desde nací. Él nació solo dos días antes que Eliza y era un año, cuatro meses y dieciséis días mayor que yo. Me gusta desde que tengo uso de razón. Aunque Eliza y yo estábamos constantemente en pie de guerra, Lucas siempre había sido el juez de paz. Él me había consolado cuando las palabras o los golpes de Eliza fueron demasiado fuertes y, por eso, yo le había revelado mis secretos infantiles, esos que nadie sabía. Nunca me había traicionado o se había reído de mí, siempre me había entendido. Lucas era mi héroe y no solo eso, desde hacía tres meses y cuatro días también era mi novio.
Nos despedíamos con un beso corto pero cariñoso antes de que él desapareciera camino de casa. Yo abría la puerta de casa y miraba ilusionada el buzón. Era una vieja costumbre de la infancia, cuando esperaba recibir correo, aunque no fuera ni mi cumpleaños ni Navidad. Con cuidado introducía el brazo en la estrecha ranura del buzón y sacaba con la punta de los dedos un sobre blanco. La carta realmente estaba dirigida a mí. “Invierno” ponía en el sobre con letra de ordenador. Con curiosidad le di la vuelta al sobre y busqué un remitente. Nada, solo mi nombre y la dirección. Miré el sello un poco mejor, cuando Miss Snowwhite empezó a frotarse contra mi pierna y a ronronear. Automáticamente me arrodillé y empecé a acariciar a la gata blanca de orejas negras mientras volvía a mirar el sobre. El matasellos era de Estados Unidos, ¿pero quién podría escribirme desde allí?
Miss Snowwhite olfateó el papel blanco y luego lo miró con despreció. Se dio la vuelta sin pensárselo y se fue corriendo hacia las ruinas del castillo. Era raro que no hubiera hecho nada más. Desde que Eliza se fue, Miss Snowwhite se había convertido en todo un gato de salón. Le encantaba, tanto en verano como en invierno, acostarse en la alfombra de delante de la chimenea. A veces se enrollaba en mi cama o se escondía en el último escalón del desván. Solía salir fuera cuando Eliza estaba encasa. Eliza era ruidosa y desordenada, una cualidad que Miss Snowwhite no podía soportar.
Entonces sujeté la carta delante de mi nariz y empecé a olfatearla. Solo olía a papel normal. Impaciente rompí el sobre, mientras cerré la puerta de un puntapié. El portazo sonó como en un castillo.
Un instante después tropecé con mis propios pies cuando reconocí la letra del remitente: Eliza. Sin ninguna duda era ella.
Había necesitado meses, hasta conseguir que su letra pareciera proceder de otro siglo. Nadie escribía las letras con su curva y con tantas rúbricas.


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